Desde la salida, hasta el paso por la primera chicane y la bandera de cuadros, Fernando Alonso alcanzó una de las más grandes victorias de su carrera, en el circuito italiano de Monza.
Hamilton, que en la frenada de la chicane estuvo a punto de perder su segunda posición por un toque del Ferrari de Massa que le obligó a tomar el recto por fuera de su trazada, también demostró su gran clase cerca del final, al adelantar a un despistado Raikkonen, único representante de la decepcionada hinchada de “tifossi” después del abandono de Massa por rotura del cambio.
Parodiando la faena completa de un matador de toros, Alonso estuvo superior en lances, banderillas, adornos con el capote, soberbio en naturales con la muleta, y perfecto en una estocada en la que el astado rodó sin puntilla.
Sólo así puede definirse el fin de semana que el español recordará toda su vida como uno de los más perfectos.
No puede olvidarse tampoco la madurez increíble de Luis Hamilton, al que si logra arrebatarle el liderato y el título Alonso, tendrá tanto mérito o más que el haberlo logrado con Schumacher en su final deportivo. Mientras el alemán no tenía ya nada que demostrar, a Hamilton le devoran las ansias de gloria y es también un gran piloto.
Pero el cronista no puede dejar pasar por alto la gran labor de ese equipo paradigmático que ha demostrado ser Mclaren.
Cuando en medio de la tormenta que se cierne sobre el equipo británico y las tensiones entre sus pilotos son más evidentes, el equipo no ha dejado de funcionar ni un solo momento y sin cometer un solo error. Si los pilotos de la Fórmula 1 son sólo un tercio de los éxitos, los otros dos tercios le pertenecen totalmente al equipo que dirige Ron Dennis.
…Y el hombre frio lloró
Una cámara indiscreta nos permitió ver como Ron Dennis se enjugaba las lágrimas abrazado a su mujer después de la victoria aplastante de sus dos monoplazas. Hace años, en una entrevista en el Paul Ricard, durante unos ensayos privados, como mis preguntas se centraron en sus dos pilotos Senna y Prost, me interrumpió con un reproche: “los periodistas siempre hablais de los éxitos de los pilotos, ¿ pero qué hay de la buena dirección del equipo, de sus responsables, de su habilidad para administrar un negocio tan complejo?.
No tuve más remedio que darle la razón. Hay pocos representantes de este apasionante mundo de la Fórmula 1, de sus verdaderos artífices, con la afición innegable de Ron Dennis y de Frank Williams. Éste último, desde una silla de ruedas sigue manejando su equipo con mano firme y no falta jamás a una carrera a pesar de una minusvalía que dejaría a cualquiera que no fuese él viendo los Grandes Premios desde el salón de su casa.
Ni Ron Dennis ni Williams creo que tengan ningún problema económico, y Dennis, sobre todo, dirige un imperio sin tener que verse obligado a pasar por los tribunales ni los agravios que ello puede significarle. Pero este hombre de aspecto frío, modales muy medidos y un inglés perfecto, no pudo evitar dar rienda suelta a sus emociones de estos días al comprobar la magnífica victoria de sus dos pilotos.
En el circuito de Francorchamps, la semana que viene, en Bélgica, la subida del “Radillón” y el viraje de la “Eau Rouge”, donde muchos pilotos dicen no levantar el pie, espero que nos hagan olvidar la decisión de los tribunales sea cual sea el resultado.
Paco Costas