Cuando, vistos desde fuera, los emolumentos de los grandes deportistas nos parecen desproporcionados, inevitablemente, los comparamos con nuestras modestas economías y con los esfuerzos que millones de seres en el mundo realizan para, a duras penas, llegar a final de mes.
Pero existe una ley no escrita que domina, nos guste o no, la economía mundial, la ley de la oferta y la demanda.
De entre otros selectos grupos de deportistas de élite, el piloto de Fórmula 1, el español Fernando Alonso, es, con toda seguridad, el que, en el menor espacio de tiempo, a generado y sigue generando auténticas fortunas al sólo conjuro de su nombre.
¿Quién podía decirnos hace sólo cuatro años que su aparición en este deporte, hasta entonces restringido a los pilotos españoles, habría de concitar el interés de bancos, cajas de ahorro, y de empresas y empresarios multimillonarios?
Resultó muy curioso comprobar como, en la presentación del monoplaza con el que Alonso afrontará la nueva temporada, el asturiano se permitió el lujo de permanecer sentado mientras un magnate de la industria alemana , su jefe de equipo, y nada menos que el presidente de Renault, poco menos que aplaudían su actitud descortés?.
Pero es que Alonso lo sabe. Y porque también sabe que sin sus títulos y su controvertida historia del 2007- que trajo a la prensa mundial pendiente de su persona- y, sobre todo, por que tiene una fe ciega en su talento para hacer correr a su coche unas milésimas más rápido que los demás en condiciones iguales, esas mismas personas ni siquiera le hablarían. Y no es crítica, es, simplemente, la inexorable ley de la oferta y la demanda
Lo mismo que sabe que, las muchedumbres que desde hace tres años acuden a las carreras en las que participa y hasta a los entrenamientos, algo jamás visto en España, generan miles de millones de los que, los que le paguen a él, es sólo una ínfima parte comparados con los que acabará en los bolsillos de los que ahora apuestan por el .
Cuando hoy veo en el diario El Mundo la magnífica información sobre el circuito urbano de Valencia, esa bella ciudad del Turia, leo la lista de las personas involucradas en el proyecto y sopeso como, el simple anuncio de la programación de la carrera ha sido capaz de poner patas arriba toda una ciudad, no tengo más remedio, y lo hago orgulloso, que atribuir una buena parte del milagro a un joven de 25 años nacido en una familia humilde del norte de España. Y, por tanto, todo lo que gane me parece justo, porque, además, mientras los demás disfrutamos viéndole desde la barrera, él se juega la vida para conseguirlo.
¡Enhorabuena, tio!
Paco Costas