De nada sirven ya las lamentaciones, Fernando Alonso ha perdido en Brasil su oportunidad de revalidar su tercer titulo mundial cuando, sin duda, ha sido el piloto mejor del campeonato.
Pero, en mi opinión, la historia de su frustración y la nuestra empezaron el día que firmo sus acuerdo con Mclaren. Ya lo he manifestado en estas mismas paginas, con dos títulos en el bolsillo y con la necesidad imperiosa que tenia el equipo ingles de conseguir éxitos después de una temporada calamitosa, Alonso o sus representantes, tenían y podían haber exigido condiciones como primer piloto sin discusión posible y también la elección de quien debería haber compartido con el otro volante.
Pero eso es ya es historia aunque su error trajo, a medida que transcurría la temporada, los problemas que todos conocemos.
Lo sucedido en Hungría con las protesta de Hamilton, su rebeldía contra Ron Dennis y la consiguiente y a todas luces injusta cacicada de la FIA, fueron solo el prologo de lo que vendría después cuando alguien, desde dentro del equipo Ferrari, alerto a la autoridad deportiva del espionaje que, en favor de Mclaren, dio lugar al escándalo que acabo con desestabilizar de forma rayana en el caos todo el comportamiento del equipo.
Fue rabieta de Alonso o es que el español se vio obligado a aportar testimonio en contra de su propio equipo.
De cualquiera de las formas, Alonso tiene que saber que, solo la mano de Ecclestone le libro a el, a su equipo, y quizás De la Rosa, de ser excluidos del mundial hasta el año 2009. El británico, en esta ocasión “la mano que meció la cuna”, lo evito a la vista de la debacle que la sanción hubiera supuesto para sus intereses y los del propio espectáculo.
En esas condiciones, todo lo que vino a continuación alcanzo su punto de mayor tensión a raíz del error de Hamilton en China que, a pesar de la pequeña ventaja que tenia, dejaba abiertas las puertas a la esperanza al español a expensas de toda una serie de posibilidades numéricas que, como se ha visto, no dieron resultado, y mientras Mclaren se la prometía muy felices, llego Ferrari, “ que si eran galgos que si eran podencos” y se llevo el titulo, mas producto de la estupidez inexplicable de un equipo tan veterano con Mclaren, que del propio desarrollo de la carrera y de todo el campeonato.
El empeño de Hamilton por volver a colocarse delante de Alonso que le había pasado en una maniobra valiente, magistral y el error tremendo que le hizo perder el titulo, no fueron otra cosa que, su bisoñez en primer lugar y el estado de histeria colectiva que se había generado en la propia escudería durante las ultimas semanas.
Lo más triste, lo más frustrante, fue comprobar como Alonso, contar viento y marea, seguía con la cabeza fría luchando hasta el último metro en pos de un reconpensa que se ha merecido. Daba pena ver como, a pesar de sus excepcionales condiciones, perseguía impotente a los Ferrari con un coche que, de forma inexplicable había estado todo el fin de semana muy por debajo del redimiendo, no solo de los Ferrari sino del de su compañero Hamilton.
Pero seria por mi parte poco justo no ponderan de forma sincera el éxito Ferrari y el de Raikkonen justo y meritorio campeón del mundo.
Por ultimo, solo deseo que la lección sirva para que el año próximo, este donde este el español, pueda seguir demostrando que el es el piloto mas importante de la presente década.
Al que ya no le auguro un futuro esplendoroso es Ron Dennis al que, quizás su fracaso le obligue a vender sus acciones a Mercedes. Una pena, a pesar de todo, el ingles, desde la más humilde condición, ha sido uno de los grandes protagonistas de la historia de la Formula 1 de los últimos veinticinco años.