En un deporte el el que son muchos los llamados y muy pocos los elegidos, los españoles habían tenido hasta ahora el camino vedado en la Fórmula 1, el deporte-espectáculo con mayor número de seguidores por televisión, después de las olimpiadas y del mundial de futbol. Pero en 2005, un español, Fernando Alonso, casi un chiquillo, ha conseguido el honor de ser el campón mundial a la increíble edad de 24 años, el más joven de la escasa treintena de pilotos que lo han conseguido hasta la fecha.
¿Qué tiene este joven que le haya permitido llegar tan lejos y tan pronto en una profesión tan arriesgada y difícil? Lo tiene todo: talento natural, madurez, fortaleza mental y algo que sólo ciertos elegidos han tenido, eso que se conoce como “velocidad” y consistencia mantenida con regularidad a lo largo del desarrollo completo de una carrera.
He conocido a grandes pilotos que tenían esa “velocidad”: Gilles Villeneuve, Ronie Peterson, Jean Alesi… quizás han sido entre otros muy parecidos, el paradigma del piloto velocísimo y valiente hasta la temeridad, capaces de levantar al público de sus asientos, pero a los que una conducta desigual y errática en los momentos supremos, les ha impedido alcanzar lo más alto. Nigel Mansell, que por fin obtuvo su único título en los noventa, es también un buen ejemplo, ya que tuvo el título a su alcance en dos ocasiones más y lo perdió en ambas por su falta de regularidad; sus ingenieros decían que Mansell era tan veloz que a la segunda vuelta en un circuito desconocido ya era capaz de rodar en los límites.
Pero, Stewart, Lauda, Piquet, Fittipaldi, y, sobre todo Alain Prost, los cinco con varios títulos mundiales, han sido el más claro ejemplo de la regularidad, el talento natural y la consistencia a lo largo de toda su brillante carrera.
Alonso está, sin duda, entre ese grupo de privilegiados pero con un plus que, en mi opinión, sólo han tenido Tazio Nuvolari, Juan Manuel Fangio y Ayrton Senna. Nuvolari y Senna, unían a sus condiciones naturales la rabia de vencer por encima de todo y no podían ver a un rival por delante sin luchar a muerte por superarlo. Fangio, siendo problamente el más grande de todos, era un estratega cuando lo pedían las circunstancias, o se jugaba la vida a una carta como hizo en el Nürburgrig en 1957 ante 100.000 enfervorizados espectadores. Los riesgos que asumió en aquel Gran Premio le llevaron a afirmar: “Cuando recuerdo aquel día, sé que nunca había conducido tan rápido y que nunca más seré capaz de volver a hacerlo”.
Pués bien, en mi opinión, Alonso tiene esas dos virtudes que distinguieron al gran campeón Argentino, es capaz de dejarse adelantar cuando lo aconsejan las circunstacias como hizo en Bélgica, o hacer un adelantamiento a Schumacher a 310 kilómetros por hora en la curva más difícil de Suzuka, cuando ya tenía el título en el bolsillo.
O mucho me equivoco, o estamos ante uno de los pilotos más grandes de la historia del automovilismo.
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