Chrysler se declara en bancarrota e inicia su reestructuración

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La agonía ha sido larga, pero finalmente Chrysler ha sido el primer gigante estadounidense en acogerse al “Chapter 11” de la Ley de Quiebras estadounidense. La presión de la administración de Obama y las acuciantes deudas – de más de 10.000 millones de dólares – ha forzado al fabricante de Auburn Hills a iniciar un proceso de quiebra controlada. El Grupo Chrysler estará bajo protección estatal hasta que el complejo proceso jurídico-económico sea completado, en un plazo estimado de unos 30-60 días si hay suerte.

Para que el efecto sobre el empleo y economía sea el mínimo es necesario que el proceso sea rápido, ya que todas las plantas productivas del fabricante se detendrán al menos hasta julio y todos sus empleados deberán acogerse a subsidios de desempleo, aunque mantienen sus seguros médicos. En cualquier caso, el fabricante seguirá pagando a sus proveedores y funcionando de manera más o menos normal gracias a ayudas estatales por parte de EEUU y Canadá que podrían alcanzar los 7.500 millones de dólares.

Los clientes suelen asustarse en estos procesos, muchas veces no son informados de lo que ocurre. En este caso se ha comunicado que no deben preocuparse. Las garantías de los vehículos se mantendrán y la reestructuración sólo afecta a las operaciones norteamericanas, por lo que el resto del mundo debería estar tranquilo. El stock de vehículos y piezas es suficiente para que los concesionarios sigan vendiendo vehículos, y con el descenso de ventas motivado por la crisis dudo que se agote.

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En el plano económico, el juez debe decidir que hacer con los múltiples acreedores de Chrysler LLC, entre los que se encuentran proveedores, bancos y el fondo de seguros de los trabajadores retirados, la partida más cuantiosa. De hecho, se ha iniciado el proceso de quiebra porque muchos acreedores se negaron a aceptar acciones a cambio de deuda. Este paso es decisivo, y debe salir bien para evitar que la compañía sea liquidada y sus activos vendidos al mejor postor para pagarles.

El consejo de administración de la nueva compañía que se fundará no estará dirigido por Nardelli, Obama ha exigido su salida de Chrysler. El resto de miembros de consejo serán los representantes de los nuevos dueños de la compañía: el 55% será propiedad de la Voluntary Employee Beneficiary Association (VEBA), el 5% del Gobierno de los EEUU, el 5% del Gobierno de Canadá y el 20% del Grupo Fiat. El 15% restante se irá entregando a Fiat cuando vaya cumpliendo sus compromisos.

Dichos compromisos forman parte de una alianza estratégica forjada durante meses, Fiat suministrará a Chrysler plataformas y motores eficientes para nuevos productos, así como una amplia red de distribución mundial. Fiat obtendría un 35% de Chrysler de manera casi gratuita, al mismo tiempo que un enorme mercado para sus productos: Fiat, Lancia y Alfa Romeo volverán a venderse en Norteamérica. Sergio Marchionne ha realizado una jugada empresarial brillante si Chrysler llega a buen puerto.

Chrysler se declara en bancarrota, inicia su reestructuración

De hecho, en los planes de Fiat para los próximos dos años está el convertirse en accionista mayoritaria de Chrysler, con un 51% de las acciones. En cuanto a aspectos puramente económicos, la financiera GMAC obtiene la representación crediticia de Chrysler, desapareciendo Chrysler Financial. Los concesionarios verán renegociados desde cero sus contratos, y es muy posible que los que sean propiedad del fabricante se vean abandonados a su suerte o vendidos. Es lo que tienen las quiebras.

Los contratos con los trabajadores y los sindicatos también serán firmados de nuevo, y permitirán una sustancial reducción de los costes laborales, uno de los mayores problemas de la ya desaparecida Chrysler. Digo esto porque la nueva compañía tendrá muy probablemente un nombre diferente, Chrysler-Fiat, Fiatler o lo que se considere más apropiado, esto último son sólo mis especulaciones. Veremos qué ocurre con el proceso de reestructuración, que podría ser más largo de lo esperado.

Algunos acreedores no están de acuerdo en el orden de pago y hay muchos asuntos a discutir. Lo que no podemos es negar es de qué manera ha cambiado el panorama en apenas un año, cuando la palabra crisis apenas se dejaba escuchar y las líneas de producción funcionaban a plena capacidad. La industria atuomovilística americana ha sufrido un grave revés, siendo Ford la única grande que se mantiene a flote como puede, en parte gracias a una política de productos muy cuidada.