La hecatombe se confirma: BMW tendrá coches de tracción delantera

La hecatombe se confirma: BMW tendrá coches de tracción delantera

Lo de los directivos de BMW es de juzgado de guardia, o más bien de fábula sobre “cómo no contar mentiras”. Y es que es de poco inteligentes desmentir algo para quedar dos meses o dos años después como un embustero de primera. Si sus narices crecieran con cada mentira como le pasaba al amigo Pinocho, las torres Petronas no serían nada en cuanto altura en comparación con la longitud del tabique nasal de algún miembro de la cúpula directiva de BMW.

¿Por qué digo esto? Pues bien, vamos a hacer memoria: “Nunca habrá un BMW M con motor Turbo” (X6 M, por ejemplo), “nunca habrá un BMW SUV con la M” (X5 M), “no creemos en los techos duros retráctiles, los de lona son mejores” (Z4, Serie 3 Cabrio).

Una buena sarta de mentiras consecutivas, ¿verdad? El caso es que todavía podían expandirse más las cosas, y tras los continuos rumores de un BMW con tracción delantera (cosa que no hace demasiado tiempo se descartaba de plano por parte de la dirección de la casa), finalmente ayer el Dr. Friedrich Eichiner, miembro del consejo de administración de BMW AG, Finanzas, soltaba la bomba confirmando el lanzamiento de varios modelos de tracción delantera que completarán la gama de la casa por la parte baja.

Estos nuevos modelos usarán una plataforma común con MINI, y abrirán a BMW nuevos espacios de mercado que se prevé que van a crecer mucho en los años próximos. También se indica que habrá nuevos modelos de MINI, amén de este posible Serie 0, y quién sabe si el Serie 1 se nos pasará a tracción delantera.

Pero seamos un poco más críticos: BMW alardeaba hasta no hace demasiado tiempo de que sus coches estaban hechos para disfrutarlos conduciendo, y nos aleccionaba con temas como la perfecta distribución de pesos que proporciona su motor longitudinal por detrás del eje frontal, el mínimo momento polar de inercia, o las virtudes de la propulsión. Y de golpe y porrazo, todos estos valores grabados a fuego en el ADN de la marca parecen evaporarse, simple y llanamente para permitir cubrir más espectro de mercado, aumentar las ventas y también los beneficios.

Obviamente, desde el punto de vista empresarial, la solución de pasarse a la tracción delantera tiene su sentido, y hacer coches pequeños con tracción trasera no es una alternativa válida, pues el aprovechamiento del espacio disponible es claramente menor. Lo que a mi me enerva es ver cómo lo que se argumentaba como el valor básico de la marca se deja de lado para buscar los objetivos económicos deseados.

Afortunadamente para todos, en BMW mentir no sabrán, pero de hacer coches entienden un rato largo. Y si bien no podemos aplaudir (por lo menos yo me niego a hacerlo) la decisión de pasarse a la tracción delantera, sí que he de reconocer que el MINI es uno de los mejores tracción delantera en cuanto a sensaciones deportivas que he conducido en mi vida. Y no me cabe la menor duda de que el futurible Serie 0 será un coche entretenido de conducir.

Aun así, tras ver que el Serie 5 se ha convertido en un coche mucho menos deportivo y dinámico, que la línea estética se vuelve cada vez más y más sosa desde la salida del polémico Bangle, y que objetos como el Z4 M se olvidan dando paso a monstruos como el X5 M… Uno se pregunta si el camino de BMW es el que los aficionados clásicos de la marca querríamos.

La carrera armamentística que lleva con Audi por ocupar parcela de mercado está llegando demasiado lejos, y por más que a mi me encanten coches como el 135i, el Z4 M Coupe, o el M3 CSL, no estoy dispuesto a aplaudir decisiones que, aunque es obvio que beneficiarán económicamente a corto plazo a la compañía, destruirán a su vez su genética deportiva y dinámica para siempre. No hace demasiado tiempo que criticábamos todos a Toyota por fabricar electrodomésticos de transporte, pero no está lejos el día en el que serán todos los fabricantes los que acaben haciendo eso mismo. La carcasa de fuera será distinta, pero el carácter y la pasión habrán desaparecido.

Es el efecto que tiene que los comités de administración de las grandes multinacionales estén dirigidos por estrategas expertos en economía, mercado, marketing, y no por ingenieros apasionados por los coches.

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