El paraíso de la bici

A pocos kilómetros, después de pasar la frontera con Francia, desde el País Vasco, se extiende una franja de 200 kilómetros de dunas y playas en la costa atlántica. Entre San Juan de Luz y Burdeos el viajero se encuentra con un interminable bosque en la zona conocida como Las Landas.

El terreno, salvo pocas excepciones, es un arenal inmenso en el que, Napoleón, ante la nula productividad de una extensión de varios miles de kilómetros cuadrados, dio la orden de repoblarlo y, ahora, transcurridos doscientos años, se ha convertido en uno de los bosques más grandes de Europa.

Los franceses, que siempre han sabido sacar el mejor partido de sus espacios naturales, han transformado esta parte del país en un verdadero paraíso para los amantes de la bicicleta, construyendo y conservando, en magnífico estado, centenares de kilómetros de pista para la práctica sin riesgo de este saludable deporte.

Todos los medios son buenos, pero una forma ideal de disfrutar del viaje cambiando de escenarios, es la autocaravana, en la que, además de transportar hasta cuatro bicicletas, se dispone de la movilidad suficiente para recorrer algunas de las ciudades de la costa de gran belleza.

La red de campings es muy numerosa y, en general, de muy buena calidad en Francia, por un precio razonable, pero también se puede acampar por libre en muchos sitios.

Unos días antes de la Semana Santa, tal como vengo haciendo en los últimos años, cargué las bicis y elegí el camping municipal de Le Vieux Boucau, en Port D’Albert.

En este lugar es posiblemente uno de los mejores camping que he visitado en Francia, por varias razones: toda su superficie, 10 hectáreas, está totalmente cubierta de un bien cuidado césped. Las instalaciones y la variedad de actividades de ocio son, además de la bicicleta, con interesantes itinerarios que parten desde el mismo camping; el juego de la petanca, pistas de tenis, un parque de juegos infantiles y un campo de golf a dos kilómetros.

Por su situación privilegiada, el pueblo está situado a la orilla de un lago, al que una franja de dunas separa del mar y de la playa “Les Sableres”, se puede practicar la pesca, la vela y el surf -hay una escuela de este deporte a pocos metros del camping.

En el pueblo se encuentra de todo y, el pescado- las ostras sobre todo- merecen un diez.Con la autocarava, desde San Sebastián, se tarda un par de horas, dejando la autovía A-63 o la RN 10 merece la pena visitar otras ciudades de la costa de no menor interés: Capbretón, Hossegor, Seignosse le Penon, todas comunicadas por pistas para bicicletas con una excelente señalización.

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