Tú insulta por esa ventanilla, que yo insultaré por esta

Wenceslao Fernández Flórez, el genial escritor gallego ya desaparecido, en uno de sus libros, El Hombre Que Compró un automóvil, pone en boca de uno de sus personajes- el conductor que acababa de estrenar su coche- el siguiente comentario referido a su acompañante en el asiento delantero: “tú insulta por esa ventanilla, que yo insultaré por esta”

La agresividad del ser humano es tan vieja como su propia existencia. Cuentan que el gran poeta británico Byron, golpeo a un hombre que acababa de insultar a su caballo. En Inglaterra las agresiones verbales o de cualquier otra naturaleza se siguen considerando “ofensas a la persona” y son castigadas por la Ley.

“Me dijeron que aquí, en el Infierno, echan un barniz especial en el volante de los coches. Es un producto parecido a la droga que despertaba los inquietantes instintos del doctor Jekill. Quizá por por eso tantas personas dulces y sumisas se vuelven groseras y patanes cuando conducen un coche. Así, todo recuerdo de cortesía se borra; uno se siente lobo entre los lobos”.

La historia de la circulación de vehículos en todo el mundo ha creado millones de ejemplos y comentarios muy parecidos. Resulta fácil adivinar el tráfico congestionado de la Roma de los césares y las lindezas que ya se dedicarían entre los miles de jinetes y conductores de de cuádrigas a pesar de que el tráfico ya estaba controlado en la
capital del Imperio.

Este fenómeno varía según las latitudes, los países y las diferentes culturas. En los países escandinavos, tocar el claxon se entiende como una manifestación de hostilidad. Un japonés aguantaría estoico detrás de un camión que durante muchos kilómetros le impidiese adelantar. En latinoamerica, y en general en los países mediterráneos,se protesta y se insulta claro y alto.

Estudios realizados al respecto demuestran que el insulto se produce a cualquier edad, pero es más frecuente entre los varones de 25 a 45 años en personas de alto nivel económico y bajo nivel cultural.

El perfil de estos individuos, es el de un conductor urbano, en una gran ciudad con,,un coche de gran cilindrada, de empresa, y un alto kilometraje anual recorrido.

Las mujeres, cada vez en mayor número, parecen estar sumándose a este ranking en grados de agresividad. El estres, las obligaciones familiares compartidas con el trabajo y la conducción diaria, también provocan en ellas esas reacciones poco civilizadas. En todo caso, las mujeres, al menos, son mucho más cumplidoras de las normas.

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