Bernard Charles Ecclestone

Nació en St Peter¨s, Suffolk en 1930. Su padre, capitán de un arrastrero de pesca, considerado por entonces algo comparable a un ingeniero. Su madre, una modesta ama de casa, le facilitaros su ingreso en la Woolwich Politechnic donde, después de abandonar los estudios primarios a los 16 años, obtuvo el título básico en Física.

Quizás fue ese deseo de desafiar las leyes de la gravedad lo que influyó en él desde un principio y le impulsaron a participar en una primera competición de motos sobre una superficie de hierba en el circuito de Brands Hatch, a la edad de 14 años. Más adelante, ya sobre las cuatro ruedas participó en carreras por toda Inglaterra al volante de un Fórmula 3 de 500 cc. Entre tanto comenzaban sus primera operaciones mercantiles, base de su actual fortuna con un negocio de recambios para motocicletas. Aquella actividad le llevaría más tarde a convertirse en uno de los mayores concesionarios de motos del Reino Unido. Las subastas organizadas bajo el nombre Weekend Car Auctions que más tarde vendió con un considerable beneficio a la British Car Auctions, continuaron aumentando su fortuna.

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Pero su salto a la Fórmula 1 no fue en un principio tan afortunado con la compra del equipo Connaught. Los coches no eran competitivos y ni siquiera se clasificó en el Gran Premio de Mónaco de 1958 con sus monoplazas Connaught- Alfa. En aquel año, se mató uno de sus grandes amigos, Stuart Lewis-Evans durante el Gran Premio de Marruecos. Aquello significó para Ecclestone una gran pérdida y se apartó voluntariamente de las carreras durante diez años.

Volvió para dirigir un equipo de Fórmula 2 Lotus en el que el austriaco Jochen Rindt era piloto. La amistad entre ambos acabó en convertir a Ecclestone en su manager en la Fórmula 1. Pero Rindt se mató en el circuito de Monza cuando conducía un Lotus, durante el Gran premio de Italia en 1970; los puntos obtenidos durante el campeonato le otorgaron el título mundial, el único título otorgado a un piloto después de su muerte.

Aquellas dos tragedias afectaron a Ecclestone profundamente y a punto estuvo de renunciar para siempre al mundo de las competiciones. Pero todo cambió cuando se le presentó la oportunidad de comprar el equipo del triple campeón del mundo Jack Brabham, por la suma de 600.000 libras, en 1970.

A partir de aquel momento su impronta empezó a dejarse notar durante los 18 años que dirigió aquel equipo, y los que hasta el día de hoy marcan de forma especial su forma de ser y la política que siempre ha presidido sus negocios.

Desde su propia casa en Londres, una mansión comprada al millonario Adnan Kashoggi en 30 millones de libras( vendida al magnate del acero Lakshmi Mittal en el 2004 por 70 millones de libras equivalentes a 128 millones de dólares), su lugar de trabajo, su oficina, que yo visité en muchas ocasiones para adquirir películas e información para la serie de Televisión Española Grand Prix, el orden, la limpieza de todo lo que rodea a este hombre que siempre aparece en el paddock con sus camisas a medida, blancas, impolutas y la raya del pantalón impecable, uno descubre que esta ha sido una de las causas de su éxito. Ecclestone siempre tuvo en cuenta, exigió a los demás equipos y puso el mismo en práctica, la filosofía de lo exclusivo, del orden y de lo que ahora conocemos como glamour.

Como presidente de la F.O.C.A.( Fórmula One Constructors Assotiatión ), fundada a principios de 1972, junto a Frank Williams, Colin Chapman, el norteamericano Teddy Mayer, Ken Tyrrell y Max Mosley, el actual presidente de la FISA , Ecclestone siempre tuvo claro que la política de los equipos divididos y negociando sus contartos en inferioridad con los organizadores de los Grandes Premios, envolvía las negociaciones por separado en un ambiente de circo, de feria, de regateo y, en suma, de una total carencia de prestigio.

Su primera propuesta consistió en dar un cambio radical a la situación y, a partir de entonces, él, con el respaldo del resto de los equipos, negoció cada Gran Premio, las condiciones y las cantidades estaban obligadas a pagar si querían disfrutar del honor de tener una carrera de Fórmula 1.

Hace muchos años, Ecclestone, que dedicado a cualquier otra actividad en el mundo de los negocios hubiera destacado sin ningún lugar a dudas, descubrió el sistema capaz de atraer la atención de los grandes patrocinadores a un deporte que, por aquellos años, solo interesaba a minorías. Y para conseguirlo, primero logró unir a las partes interesadas convenciéndolas de su ambicioso proyecto que consistía en dar una imagen de orden, pulcritud y aspecto externo de orden y disciplina en los boxes, en los sistemas unificados del transporte, en la consecución de las mejores condiciones económicas y, sobre todo, en los contratos con los organizadores.

La distribución proporcional de los premios, el dinero recaudado por los ingresos en taquilla o por cualquier otro concepto, Ecclestone siempre tuvo el acierto de hacer partícipes a todos los equipos, estableciendo unos baremos en los que el reparto se hacía en función de los logros deportivos obtenidos por cada uno de ellos; un sistema que todavía continúa en la actualidad.

Paco Costas

Continuará…

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