Dos multas por el precio de una

¿En que quedamos, Sr. Navarro? ¿No se ha cansado usted de decir que el importe de las multas no era para financiar los presupuestos de la DGT?

¿No es el importe de las sanciones y la resta de puntos, una medida preventiva para reducir la siniestralidad del tráfico?

¿No se ha calculado su importe en función de la gravedad de la falta?

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¿A qué viene entonces esta idea de mercadeo, redondeo y descuentos, con más apariencia de frivolidad y falta de seriedad, sobre un sistema que se supone implantado, con más o menos fortuna, con el propósito de evitar muertos, lesiones y sufrimientos a las víctimas del tráfico?

De ahora en adelante será fácil imaginar a un conductor que se aburre a 120 kms/ph, o que tiene prisa por llegar a alguna parte, planteándose la cuenta siguiente: “si le piso un poco más y me pillan, todo lo que me puede pasar es que tenga que pagar una multa de 300 euros….con el 40%…. la cosa me saldría…. Por pronto pago…vamos a ver….por 180 €,….qué pena que las multas no tengan IVA, por que así también me lo deduciría en mi empresa….

¿Se imagina usted Sr. Navarro a ese mismo conductor, al que de niño le hubieran enseñado y que ni siquiera se plantea la posibilidad de burlar la norma?

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Desde que usted llegó al cargo que ocupa, ha conseguido algo que no se le puede negar: ha conseguido usted que la gran mayoría de los españoles le presten atención al tráfico y a la seguridad vial. Pero le voy a descubrir una realidad en la que usted no parece haber pensado: la seguridad vial es un tópico, una frase, la seguridad vial no existirá jamás mientras los vehículos sean conducidos por seres humanos; mientras las carreteras, los puentes, las vías del tren, los tendidos eléctricos, las grandes obras…. sean planificados y construidos por seres humanos, y porque el mero hecho de vivir ya entraña en si mismo un riesgo; lo que sí existe es la EDUCACIÓN VIAL, que comporta, ENSEÑANZA, PREVENCIÖN.

Le he escuchado a usted y a muchos de los que parecen estar de acuerdo con sus métodos, hablar de seguridad vial pero nunca de EDUCACIÖN VIAL y si lo hacen es para que la impartamos otros,

La educación vial y la prevención de accidentes exigen grandes inversiones, voluntad política y una labor callada y constante de una DGT diametralmente distinta a la que usted dirige. Mientras las cantidades recaudadas, y muchas más si fuesen necesarias, no se empleen en educar hasta que llegue un día en que peatones y conductores no interioricen, casi como un acto reflejo, que respetar las normas y la convivencia en el tráfico es algo tan natural como caminar o alimentarse, no se habrá logrado lo que ahora se persigue, en mi opinión, de forma totalmente equivocada.

Sr. Navarro, con esta última medida, con la eficacia que parece buscarse a través de descuentos y de la certeza de que no escape nadie, además de limitar en el tiempo el derecho a la defensa, me da lugar a pensar que usted, que ni siquiera tiene apellido catalán, sí nos ha llegado de tierra de fenicios que, como sabe, fueron los más grandes comerciantes de las costas mediterráneas en la antigüedad. Creo sinceramente que usted sería el gestor ideal de cualquier empresa comercial cuya finalidad es el lucro, la cuenta de resultados. No sé si deja usted aconsejar, pero si es así, al menos, ya que usted no parece muy experto en la materia, dígales que no le sigan vendiendo SEGURIDAD VIAL, algo que yo definiría en estos momentos como RECAUDACION VIAL.

Pero no todo van ha ser críticas; desde este modesto blog, le pido que siga endureciendo, sin contemplaciones, las sanciones, y la cárcel si hace falta, a los que ingieren alcohol con un volante en las manos.

Paco Costas

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Pere Navarro es desde luego el Director General de Tráfico más mediático que he conocido. Sus declaraciones son a menudo polémicas, y atraen iras y reacciones de propios y extraños. Por otro lado, tenemos que tener en cuenta un aspecto muy destacable del desarrollo del procedimiento sancionador en materia de tráfico que tenemos en España: padece un problema endémico de ineficacia. Si nos fijamos en los países de nuestro entorno, veremos que las sanciones son mucho más caras, y más eficaces. Por ejemplo, en Portugal, la Guardia Republicana porta consigo unos terminales TPV para cobrar la cuantía de la sanción in situ mediante pago con tarjeta de débito o de crédito. Además en el país vecino la posibilidad de la interposición de recursos se ofrece una vez se ha satisfecho el pago de la multa, lo cual es totalmente imposible en el derecho administrativo español, en el cual la interposición del recurso implica la suspensión de la aplicación de la pena impuesta. No obstante, los cambios normativos afectando al Real Decreto 320/1994 del Procedimiento para el ejercicio de la potestad sancionadora en materia de Tráfico había resuelto en gran medida el problema de la aplicación de la picaresca para eludir las responsabilidades derivadas de la materia de Tráfico, seguridad vial y circulación de vehículos a motor, esencialmente aumentando los plazos de prescripción y caducidad de los procedimientos sancionadores. La Administración Española ha visto como una opción para potenciar la terminación “normal” de los procedimientos sancionadores la opción de ofrecer una rebaja en la cuantía del importe de la multa mediante la satisfacción del pago dentro del plazo de quince días, al no ser posible los procedimientos recaudatorios menos garantistas que encontramos en otros ordenamientos jurídicos de nuestro entorno. Por ello, el último sentido que ha adquirido la enésima reforma de la Ley de Seguridad Vial no es para nada sorprendente, viendo el espíritu que empeña la DGT en disminuir parte de la siniestralidad mediante la imposición de castigos pecuniarios. Pero el Señor Paco Costas no deja de tener más razón que un santo cuando denuncia la falta de eficacia real en el empeño de conseguir seguridad vial a costa de sanciones. La seguridad vial se fundamenta sobre tres pilares principales: el vehículo, la persona y la vía. De todos ellos es la persona de lejos el factor más determinante, y la manera más eficaz de influir en que muestre un comportamiento adecuado es la educación vial, para lo cuál el señor Pere Navarro se muestra mucho menos mediático y elocuente. Estoy completamente a favor de sacar de las carreteras a los conductores negligentes, imprudentes o temerarios, pero desde luego dudo que los castigos económicos tengan eficacia real, ya que estos castigos tienen una relavancia muy diferente en función a la capacidad económica del sancionado. Desde luego, lo más fácil y económico sería que todos los conductores tuvieran una adecuada educación vial, y la siniestralidad descendería por la participación y consenso de todos los agentes implicados. Pero siempre se quieren tomar atajos, y el poder de la coacción que implica la posibilidad de la imposición de una sanción es demasiado tentador cuando se quieren resultados rápidos para un organismo que resulta demasiado político para un compromiso que debería envolver a todos los estamentos de la sociedad como es la seguridad vial. La seguridad vial es una gran casa que deberíamos empezar por los cimientos y no por el tejado, y así encontraríamos los resultado más satisfactorios, frente a los cantos de victoria en base a cifras de muertos.

Por: Yago Toubes Alonso

Web: www.svyagotoubes.blogspot.com

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