F1. Los abusos de la SEXTA

Celebrada y aplaudida la meritoria victoria del veterano Barrichello en el GP de Europa, poco queda digno de comentar sobre otra carrera soporífera, excepto, quizás, un adelantamiento protagonizado, como siempre, por Alonso a costa de Button y la insoportable carga de publicidad con la que la SEXTA quiere equilibrar sus presupuesto después del astronómico precio pagado por arrebatar a Tele5 la Fórmula 1.

De nada compensan al aficionado el fabuloso montaje técnico de las retransmisiones, los previos, magníficos, casi todos, ni los ímprobos esfuerzos de Lobato por imprimir emoción a carreras que llevan algún tiempo careciendo totalmente de ella.

Resulta totalmente intolerable el exceso de publicidad con la que nos castiga la SEXTA en plena carrera; y llega un momento en el que, junto al tedio, los minutos se hacen interminables: en mi caso particular, y a pesar de mi gran afición, no puedo evitar sorprenderme a mitad de camino entre el sueño y la indignación ante tanto abuso..

El sistema, totalmente equivocado, en mi opinión, es la forma más segura de acabar matando a la gallina de los huevos de oro.

¿Cómo se las arreglan la BBC (cero publicidad) o las emisoras alemanas y la propia RAI (un solo anuncio a intervalos muy espaciados) para brindar retransmisiones que en nada tienen que envidiar a la que nos ofrece la SEXTA?

Desde hace dos años, desde que Alonso inició su camino de Damasco, las audiencia que, sin duda, se prometía la SEXTA, no tienen nada que ver con los mejores años de Alonso y de Tele5. Como el español no consiga de nuevo sentarse ante un volante ganador, y por mucho que se esfuerce el equipo de Lobato en seguir dando una información previa entretenida e impecable, mucho me temo que la huida de audiencia seguirá siendo masiva.

En mi caso, tratándose de F1, me considero “masoca” y seguiré mordiéndome las uñas de rabia cuando, a pocas vuelta de un final incierto como el del pasado GP, me veo obligado a soportar las excelencias de productos a los que acabaré por coger manía y no consumir.

Paco Costas

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