DECÁLOGO DE LA SEGURIDAD

1/ TU DECIDES

Un automóvil es solamente una máquina que obedece las ordenes que le transmite, en forma de decisiones y movimientos, el cerebro de su conductor. Cualquier alteración anímica en un momento determinado, provoca los errores o aciertos de ambos. La ira, la agresividad, los trastornos transitorios producidos por el sueño, la fatiga y la ingesta de alcohol, son causas de perdidas del control que se requiera para conducir con la máxima seguridad posible, un vehículo que pesa más de una tonelada y avanza a velocidades superiores a los 100 kilómetros por hora en un tráfico cada día más conflictivo y saturado. Aquellos conductores a los que, la rutina y el exceso de confianza, les lleva a olvidar estos factores cuando se sientan ante el volante, no solamente están en permanente riesgo de sufrir un accidente, sino que, pueden provocarlo a terceras personas inocentes. Aunque sólo sea durante un instante, cada día, cada vez que iniciamos la marcha, hagamos un esfuerzo por recordarlo: nos va en ello la vida.

2/ MÁXIMA CONCENTRACIÓN

Un caballo, guiado por su instinto, encuentra siempre el camino de la cuadra aunque su jinete se quede dormido sobre la silla. El conductor de un automóvil no puede depositar su seguridad en el instinto. Cuando hacemos cotidianamente un recorrido habitual, o la confianza en nuestras habilidades como conductor, nos invita de forma engañosa a distraernos solamente unos milisegundos, la casi segura eventualidad de un accidente aparece de repente, Un automóvil recorre 36,1 metros a 130 kilómetros por hora en un solo segundo. ¿Cuánto se tarda en buscar una emisora en el dial de la radio o elegir el DVD favorito? ¿Somos conscientes del tiempo que transcurre cuando volvemos la cabeza para comentar algo o reprender a los niños que viajan en el asiento trasero? La atención necesaria para circular con seguridad, debe triplicarse cuando las condiciones meteorológicas lo exigen. En condiciones de baja visibilidad o suelos deslizantes, la más mínima pérdida de atención disminuye la capacidad de reacción. Las conversaciones, la música o la escucha de un programa que despierta nuestro interés, se convierten en un peligro latente. La utilización de los teléfonos móviles constituye la mayor causa de distracción y provoca graves accidentes.

3/ NO EXISTE LA PARADA ABSOLUTA

Teóricamente, ni siquiera cuando caminamos sobre nuestras piernas podemos detenernos de forma instantánea y, mucho menos, si vamos corriendo. Tanto el cuerpo humano como la masa de un automóvil están formados por materia, y una de las propiedades de la materia, es la inercia. Cuando equivocadamente pensamos que la aplicación del pie al freno deja el coche “clavado”, olvidamos este principio inalterable de las leyes de la naturaleza. Desde que, a través de vista, el cerebro procesa la información recibida, hasta el momento de actuar sobre los frenos, transcurren, en el mejor de los casos, tres cuartos de segundo, en los que el vehículo recorre una distancia determinada en función de la velocidad, fuera el control de su conductor; la distancia suficiente para tener una accidente. Para poder hacernos una idea, un automóvil a 50 kilómetros por hora, recorre 10,3 metros antes de que el conductor inicia el movimiento del pie sobre el pedal del freno. A partir de ese momento, al vehículo todavía recorre 16,2 metros hasta su detención total. En otras palabras, distancia de detención es igual a la distancia recorrida durante el tiempo de reacción más la distancia de frenado. Conviene tener en cuenta esta ecuación incontrovertible, cuando circulamos a 50 kilómetros por hora en las proximidades de un colegio. Un niño que aparece súbitamente a menos de 20 metros, es atropellado sin que podamos hacer nada para evitarlo. El ejemplo se refiere a vehículos en perfecto estado mecánico y a conductores en posesión de una capacidad de reacción optima.


4/ UNA MASA EN CONTINUO MOVIMIENTO

Desde que recorre el primer metro, la carrocería de un automóvil y sus ocupantes se convierten en una masa suspendida en continuo movimiento. En virtud de los sistemas de suspensión alojados entre el habitáculo y los neumáticos, cuando frenamos, esa masa tiende a avanzar inclinándose sobre el eje delantero; cuando aceleramos, se produce el mismo movimiento sobre el eje trasero; y cuando efectuamos un giro en una curva, la masa tiende a desplazarse hacia el exterior de la curva, debido a la fuerza centrífuga. Estos movimientos, que pocas veces son tenidos en cuenta por los conductores, provocan que la distribución de peso sobre los neumáticos se altere y gravite peligrosamente sobre el lado que recibe la sobrecarga reduciendo considerablemente la adherencia al suelo. Cuanto mayor es la velocidad es mayor es el riesgo de perder el control del vehículo y menor la posibilidad de neutralizarlo. En momentos en los que el límite de la adherencia se manifiesta más acusado y próximo, el conductor tiene que tratar de conducir sin brusquedades. Un golpe de volante a destiempo, un frenazo violento, o una aceleración precipitada, no haces otra cosa que precipitar el patinazo. Estas situaciones pueden ser más delicadas cuanto peor es el estado de la vía y, sobre todo, el de los neumáticos. La falta de dibujo de éstos, la profundidad de la huella en la banda de rodadura, y un incorrecto inflado, pueden influir decisivamente, y de hecho así ocurre, en un gran número de accidentes.

5/ COMPAÑEROS DE VIAJE

Los ocupantes de un vehículo viajan siempre a la misma velocidad que éste. ¿Nos hemos parado a considerar que, cuando vamos en el AVE, todo lo que lleva en su interior, incluidos nosotros, estamos recorriendo la misma distancia a la misma velocidad?. Si el AVE se detuviese súbitamente, debido a una colisión, a 250 kilómetros por hora, la deceleración que sufriría nuestro cuerpo sería brutal. Instantáneamente saldríamos proyectados hacia a delante y lo más seguro es que no quedasen supervivientes al chocar entre sí los pasajeros o contra el interior del vagón. Esta comparación, no tan exagerada si se compara con la velocidad que pueden alcanzar hoy día los automóviles, produciría parecidos efectos, si a sólo cincuenta kilómetros por hora, el choque contra un muro, un árbol, u otro vehículo circulando en dirección contraria, nos sorprendiese sin llevar el cinturón de seguridad puesto y bien colocado, difícilmente nos libraríamos de sufrir heridas graves o de algo mucho peor. El pasajero de cualquier vehículo en movimiento, si no va sujeto de alguna forma, tiende a desplazarse en la misma dirección y con la misma intensidad en la que se mueve el vehículo. ¿Han intentado alguna vez permanecer de pie sin sujetarse cuando arranca o frenan el metro o un autobús a muy baja velocidad? Un simple paquete dejado sobre cualquier asiento, cuando frenamos en emergencia o simplemente cuando nos sorprende la parada del vehículo que nos precede, proyecta el paquete hacia delante de forma instantánea y violenta. Estos ejemplos debería bastar para que nunca olvidemos el uso del cinturón de seguridad

6/ VELOCIDADES A LA CARTA

¿Puede un automóvil de última generación circular seguro a más de 120 kilómetros por hora?. Terminantemente, si, salvo que la negligencia o el abandono de su conductor en el cuidado y correcto inflado de los neumáticos provoque una inesperada salida de la vía. Las averías mecánicas capaces de provocar un accidente son prácticamente improbables. Esta afirmación podría invitar a que, aquellos vehículos que disponen de los más modernos elementos de seguridad pasiva y activa, podrían circular sin riesgo a velocidades superiores a las que limita el Reglamento de la Circulación. Sin embargo existen varias razones que lo impiden. La primera es la que figura en la norma, y ya se sabe, no existe libertad posible sin normas. La segunda, es que disponemos de unas vías y unos espacios compartidos con vehículos y conductores de diferentes capacidades y prestaciones. Y la tercera, no menos importante, es que la velocidad, a partir de los 120 kilómetros cuando sobreviene un accidente, el automóvil puede transformarse en un arma letal. Las medidas de protección pasiva, en colisiones producidas a altas velocidades, no son totalmente eficaces. También, a partir de ciertas velocidades se disparan el consumo de combustibles, aumentan el desgaste de los neumáticos, la mecánica y las vías soportan un mayor esfuerzo y deterioro, y, lo que es más importante, ante una situación de emergencia disminuyen de forma considerable la capacidad y el tiempo de reacción de los conductores, y el espacio disponible para evadir un accidente.

7/ VIAJAMOS CON UN ENEMIGO INVISIBLE

“Todo objeto en movimiento acumula una energía conocida como energía cinética, que aumenta con el cuadrado de la velocidad” Si partimos del principio “que la energía no se crea ni se destruye; se transforma”, la energía cinética que se acumula durante la marcha de un automóvil, también se transforma a través del sistema de frenos, gracias al calor que generan en su fricción, los elementos frenantes y los neumáticos, disipándose posteriormente en el aire. Por el contrario, en una deceleración brusca o en una detención instantánea producida por una colisión en la que de una velocidad determinada se pasa a velocidad cero en cuestión de segundos, la energía cinética se transforma en destrucción de la carrocería y en daños corporales a los ocupantes del vehículo. Esta transformación es mayor cuanto mayor es la velocidad al cuadrado, o lo que es igual, un choque a 30 kilómetros por hora, no es dos veces más que a 15 kilómetros por hora, sino cuatro. El proceso de la transformación de la energía en un automóvil sigue el siguiente camino: la energía contenida en el combustible, que el motor transforma en movimiento, se transforma a su vez en otra energía, la cinética. Transformar la energía acumulada durante el movimiento, detenerlo, requiere mayor esfuerzo que costó provocarlo; a mayor velocidad este esfuerzo es también mayor. Detener un automóvil a 40 kilómetros por hora requiere cuatro veces más energía que a 20 kph: a 80 kmh, la proporción es 16 veces mayor. Las carrocerías modernas están construidas en forma de esponja. Cuando reciben un impacto se arrugan y, de esta forma, absorben una buena parte de la energía destructiva. La indeformabilidad del habitáculo, mitiga en gran medida el daño a los ocupantes, siempre que estos viajen sujetos y protegidos con los sistemas de seguridad.

8/ NO SON INFALIBLES

Es frecuente escuchar a algunos conductores afirmar que, con los air bags, no hace falta ponerse el cinturón de seguridad. Nada más equivocado. Cuando en una colisión frontal se dispara el air bag, lo hace a una velocidad entre 250 a 300 kilómetros por hora. Si en ese momento no llevamos puesto el cinturón de seguridad,, nuestro cuerpo se proyecta hacia delante y el air bag sale a su encuentro propinándole un golpe que puede ser mortal o producirle graves lesiones cerebrales o cervicales. Los air bags tienen cuatro misiones principales: frenar suavemente el movimiento de los cuerpos transformando una parte de la energía cinética; Evitar que el conductor y el resto de los pasajeros se golpeen contar elementos rígidos del interior del vehículo; evitar lesiones graves en cabeza, cuello y tórax; reducir el riesgo de heridas , especialmente las producidas por los cristales. Los air bags se disparan en tres milisegundos y, aproximadamente, a 39 milésimas de segundo de producirse el impacto. 50 milésimas de segundo después, la cabeza del conductor impacta contra su air bag y la del acompañante, unas 10 milésimas de segundo después. El acompañante del conductor debe procurar separar su asiento todo lo que le permitan, la movilidad del asiento y la presencia de pasajeros en los asientos traseros. El conductor, si el volante es regulable en altura, debe procurar que el centro del volante, donde va alojado el air bag, quede orientado aproximadamente hacia el centro de su pecho.

9/ LOS SISTEMAS ABS, ESE MARAVILLOSO INVENTO

Junto con los cinturones de seguridad, descubiertos por un ingeniero sueco en los años cincuenta del siglo pasado, los sistemas de frenos ABS forman un dúo entre los más importantes avances técnicos del automóvil. Los sistemas del control de tracción y de estabilidad no serían posibles sin el nacimiento del ABS, ya que se rigen por los mismos principios de funcionamiento. En el caso del ABS, unos sensores, colocados en cada rueda, controlan su giro y envían una señal a un pequeño ordenador cuando alguna de ellas deja de girar, arrastrándose bloqueada. El ordenador manda entonces una señal al sistema de frenos, y éste se pone en funcionamiento oprimiendo y soltando los materiales de fricción de los frenos(las pastillas de freno) con una cadencia aproximada de 25 veces por segundo. De esta forma se evita el peligroso bloqueo de los frenos en una frenada violenta, cuando el neumático se arrastra en el límite de su adherencia. Sin el ABS, ese es el momento en el que el conductor comprueba tarde que el volante no responde a sus movimientos, y presa del pánico, continúa apretando el pedal desesperadamente. Con ABS, por el contrario, hay que pisar el pedal sin soltarlo. Algunos conductores, al apretar el pedal del freno, sienten una especie de pulsiones y lo sueltan instintivamente en la creencia de que se ha averiado el sistema. Esto no debe hacerse, por el contrario, bebe mantenerse la presión sobre el pedal con energía, tanto para frenar en línea recta, como para eludir un obstáculo o girar en una curva cuando le sorprende a velocidad excesiva. Contrariamente a lo que piensan algunos conductores, los sistemas ABS no frenan más, frenan mejor y de forma más segura.

10 / ESE PELIGROSO COMPAÑERO DE FIESTA

Produce el cuarenta por ciento de las victimas mortales en los accidentes de tráfico. Junto a las distracciones, los excesos de velocidad y el desprecio a las medidas de protección y retención, el alcohol es una de las mayores causas de mortandad en el tráfico en todo el mundo. No existen excusas. El alcohol y la seguridad del tráfico viajan en direcciones opuestas y despreciar esta verdad es una forma de suicidio. Una buena parte de nuestra juventud es victima de sus consecuencias cada fin de semana. Nada menos que el 25 por ciento de los accidentes mortales en el tráfico, se producen entre jóvenes de ambos sexos entre los 18 y los 25 años. Existen muchos tópicos que, a modo de excusa, pretenden justificar su consumo, pero está demostrado que el alcohol, no previene las enfermedades del corazón; no aumenta el apetito ni, el crecimiento; no sirve para combatir el frío; no es un estimulante; no es un alimento; no aporta elementos nutritivos; no aumenta la potencia sexual. El alcohol es, en definitiva, una de las mayores pandemias que padece el tráfico en todo el mundo.

LEGISLACIÓN ACTUAL

CONDUCTORES EN GENERAL 0,5 g/l o 0,25 aire inspirado

PRINCIPIANTES 0,3 g/l o 0,15 aire inspirado

PROFESIONALES 0,3 g/l o 0,15 aire inspirado

El 0,5 se alcanza con dos whiskies o 3 copas de vino, en una persona que pese 70 Kg

El 0,3 con menos de dos años de experiencia, basta un cubalibre o una lata de cerveza

El 0,3 para profesionales, afecta a conductores del servicio público, transporte escolar, mercancías peligrosas, etc

Algunas de las infracciones más frecuentes bajo los efectos del alcohol son:

1/ Detención en un carril sin motivo

2/ No guardar la distancia de seguridad

3/ Realizar giros excesivamente amplios

4/ Circular por el carril incorrecto

5/ Invadir el carril contrario

6/ Respuesta retardada a la señalización

7/ Conducción desigual y adelantamientos peligrosos

8/ Falta de señalización en las maniobras

9/ Circular por dirección prohibida

10/ Salida de la zona de circulación

Paco Costas

DECÁLOGO DE LA INSEGURIDAD VIAL

ADELANTAMIENTO: El conductor debe buscar en todo momento aquellas emociones que le compensen del tedio que producen las largas rectas y las filas interminables de vehículos que le impiden avanzar como sería su deseo, y a la vista de una curva sin visibilidad, ha de tener el coraje de abordarla por la izquierda a la mayor velocidad posible dejando atrás aquello que le exaspera. La excitación que se experimenta al comprobar que ningún otro conductor aparece con el mismo propósito en el sentido contrario, produce un placer de dioses y en, ocasiones, también puede mandarle directamente al Cielo.

DISTANCIAS DE SEGURIDAD: Es aquella que nos permite desquiciar al conductor que circula delante colocándole el parachoques delantero a un metro de distancia cuando ambos circulamos a 140 kilómetros por hora en una autopista. Otra distancia de seguridad lateral, no menos importante, es aquella en la que nuestra precisión al volante es tal, que al rebasar a un ciclista le golpeamos en el casco con el retrovisor exterior derecho. La acción puede ser considerada como un cálido saludo entre usuarios que comparten la vía circulando en vehículos de distinta categoría.


SISTEMAS DE RETENCIÓN
: Entre otras funciones, los cinturones de seguridad deben utilizarse; para engañar a la Guardia Civil simulando que se llevan puestos; para que la propia Guardia Civil de un ejemplo edificante no llevándolos nunca puestos; para que los niños se los coloquen por detrás de la espalda o bien pegados al cuello; para que, siguiendo el ejemplo de los padres, el resto de la familia no los usen nunca; para que algunas señoras crean proteger mejor su busto pasando olímpicamente de ellos; para vivir la inmensa emoción de recibir el plena cara el impacto del airbag cuando este se dispare a 300 kph, sin que el cinturón lo impida. Otro placer insustituible los proporcionan los reposacabezas cuando nos permiten dar una cabezadita circulando a 120 kph cualquier tarde de verano.

EL ALCOHOL
: Son tantas las ventajas que nos proporciona el alcohol, que un conductor consciente bebe siempre tenerlas en cuenta cuando bebe antes de conducir: el alcohol evita las enfermedades del corazón, aumenta el apetito, sirve para quitarnos el frío, alimenta, es nutritivo, aumenta la potencia sexual y los reflejos, favorece la lactancia y preserva nuestro hígado y el páncreas de enfermedades, previene de las degeneraciones del cerebro y , entre otras de sus muchas ventajas, también nos permite elegir entre ir muriendo lentamente o de forma fulminante en un accidente de tráfico.

LAS DISTRACCIONES: Los automóviles modernos han traído a nuestra vida tal número de ventajas y comodidades, que bien podríamos asegurar que han sustituido a nuestra sala de estar y a nuestra oficina. Un conductor, además de guiar su vehículo actual por donde desea, puede realizar las siguientes tareas a la vez: mandar un FAX, contestar un mensaje, dar instrucciones a su secretaria, contestar a un amigo, o hacer una rápida operación matemática a través del móvil; guardar en la memoria un número, ver la fecha y la hora, o hacer la reserva de un hotel, un billete de tren o de avión. Si se dirige a una dirección desconocida, la pantalla del GPS le va dando instrucciones milimétricas del recorrido y, si está en un atasco, circulando menos de cinco kilómetros por hora, también puede entretenerse en ver las últimas noticias en la televisión. Y con un poco de suerte, quizás podría averiguar en Internet a que hospital van a trasladarle cuando se estrelle contra el vehículo que lleva delante.

LA VELOCIDAD: Es, sin duda el mayor de los placeres cuando es uno mismo el que la provoca. ¿Por qué no?, si todo lo que hay que hacer es apretar un pedal para que el coche corra más y otro para que se detenga. La velocidad nos permite llegar siempre los primeros; los límites impuestos nos privan de libertad individual a la que todos tenemos derecho al nacer, y aquellos que los respetan deberían ser apartados de la circulación, estorban. Si tu coche tiene 250 caballos y desarrolla una velocidad de 300 kph, no te cortes, dale caña, controla, el mundo es tuyo. Lo de menos es que te cojan, la multa se paga, y si te quitan el carné, tu sigues conduciendo y ya está. Si se presenta la ocasión y otro conductor te adelanta, no lo permitas, síguele y demuéstrale quién eres tu con un volante en las manos. ¿Un accidente? ¿Para que sirven los frenos de disco a las cuatro ruedas, el control de tracción, el de estabilidad, el ABS, y los neumáticos de bajo perfil? ¿Acaso no llevas ocho airbag por si vuelcas? Limitaciones a ti, ¡qué disparate!.


NO PASAR DESAPERCIBIDO
: ¿Eres joven y tímido? ¿No te gustas? ¿No ligas?, sigue estos consejos. Lo primero que tienes que hacer en convencer a tu padre para que te compre un coche de poco peso, mucha potencia, colores vivos y, a ser posible, con llantas especiales(esto último mola mucho). Cuando ya lo tengas, que un amigo te aconseje como subirle un poco la potencia(la decoración exterior es muy personal y debes decidirla tu mismo). Pero aún te falta un detalle. Búscate un equipo de música que, aunque te ocupe todo el maletero, sea capaz de poner en evidencia la potencia de la mejor de las discotecas. Es importante que conduzcas casi tumbado, con una mano( a veces basta con dos dedos). con un pitillo en la otra y el brazo colgando por fuera. Y cuando un viernes por la noche llegues por primera vez al lugar de la movida, da un fuerte frenazo y no te olvides de que el equipo de música esté funcionando a tope. Si sigues estos consejos, te aseguro que pronto conocerás los resultados.


LAS ROTONDAS
: Las inventaron los ingleses hace muchos años, y lo que en Gran Bretaña fue rápidamente asumido y respetado(los británicos son unos tristes) en España se ha convertido en un ejercicio divertido y excitante. “Las rotondas son para el que le echa más bemoles”, y ello requiere cierto arrojo y rapidez de reflejos. ¿La norma? ¡Olvídate de la norma!, lo más emocionante de la circulación en las rotondas, lo que produce una mayor descarga de adrenalina, en ese momento único en el que, cuando tu ya estás dentro y has comenzado a girar, aparece otro vehículo por tu izquierda, y su conductor, de pronto decide participar en el juego acelerando para acojonarte si no tienes los nervios bien templados. La mayoría de las veces te libras del accidente por un pelo, y es ahí donde reside el placer, pero como en todo, tienes que contar a veces con los servicios de la grúa y la cara de felicidad del chapista.

LOS PEATONES: ¿Quienes son esos intrusos que interrumpen mi marcha en los pasos de cebra? ¿Con qué derecho se atreven? ¿No ven que llevo prisa? Yo conductor, sufro a diario el agravio de esos peatones que, cuando cruzan por delante de mi vehículo, todavía se permiten el lujo de no acelerar el paso o correr mientras me dirigen una mirada de rencor. Los ciclistas, las mamás con sus cochecitos de niño, los peatones y los ancianos, deberían tener sus propias vías y dejar de molestar a los conductores en los pasos de cebra o estorbar cuando caminamos con prisa por una acera.

CÓMO DISFRUTAR EN EL TRÁFICO
: Conducir en la ciudad encierra placeres ocultos que sólo los mejor educados son capaces de disfrutar. Dejar el coche en doble fila mientras saboreas un café y observas como el conductor bloqueado echa espuma por la boca y toca el claxon desesperado; adelantar a una fila de vehículos que guarda su turno para girar y colocarte el primero en una rápida maniobra, y si alguno protesta, enseñarle el índice erecto y hacia arriba; abordar los charcos a la mayor velocidad posible al pasar por un semáforo, si hay peatones al borde de la acera; mientras esperas al semáforo en verde, con el embrague medio pisado y en primera, dar unos cuantos acelerones de aviso mientras diriges una mirada desafiante a los conductores que tienes a ambos lados.; otro de los refinamientos del conductor educado, consiste en hacer saltar a los peatones cuando todavía no han alcanzado el tramo final de un paso de cebra. Pero si de verdad quieres pasártelo bien, búscate un amigo de tu mismo pelaje, que insulte por su ventanilla mientras tu insultas o arrojas basura por la tuya.

LA FORMA MÁS SEGURA DE NO TERMINAR UN VIAJE: Empieza por madrugar después de una noche de copas y arrancar precipitadamente sin dedicarle ni una mirada al vehículo. Antes conviene poner el reloj en hora. Si en un viaje anterior tardaste cinco horas entre Madrid y Málaga, un conductor que se precie, debe intentarlo esta vez en treinta minutos menos y de un solo tirón. Si llevas ya tres horas conduciendo, empiezas a sentirte cansado y ves que corre peligro mejorar tu propio record, no te queda más remedio que acelerar más, aunque tengas que asumir más riesgos. Si empiezas a pestañear y das algún frenazo a destiempo, no te alarmes, respira hondo, date un par de pellizcos y sigue acelerando, a todo el mundo le pasa. Ese camión que circulaba cien kilómetros más lento que tu, parecía que estaba mucho más lejos……..

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