EL CINTURÓN DE SEGURIDAD Y LA ROPA DE INVIERNO

A estas alturas, estoy plenamente convencido de que la inmensa mayoría de los conductores consideran los cinturones de seguridad una medida de seguridad imprescindible. Quizás todavía algunos- una mínima parte- siguen sin usarlos aduciendo en su defensa los más peregrinos argumentos.

Otro importantísimo complemento de seguridad, junto con el cinturón, son los reposacabezas y los airg-bags si en todo momento llevamos activados éstos últimos y los cabeceros y cinturones debidamente colocados.

Pero hay ocasiones en las que, ni aún habiendo tomado todas las precauciones, son suficientes. A veces pequeños detalles tales como comprobar que el cinturón no se queda trabado al cerrar la puerta o retorcido al colocarlo sobre nuestro cuerpo. Otra precaución que algunos quizás han pagado muy cara, son aquellos que, habiendo sufrido ya una fortísima retención en una colisión, no se han preocupado de sustituir el cinturón afectado. La propia composición de los cinturones de seguridad hace que, bajo ciertas circunstancias, el material sufra un fuerte estiramiento. Igual ocurre con los cascos de los motoristas para los que también resulta imprescindible comprar uno nuevo después de una fuerte caída o un choque violento.

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Pero existe otro peligro sobre la eficacia de los cinturones de seguridad, cuando, en el invierno, los rigores del frío nos obligan a vestir gruesas prendas de abrigo.

Aunque en la actualidad algunos modelos de automóviles han empezado a colocar sistemas que comprimen el cinturón sobre el tórax de forma automática, en la práctica, los convencionales, la gran mayoría, a sólo 50 kms/ph, en una deceleración casi instantánea contra un obstáculo como puede ser un árbol, una farola, una pared de cemento e,t,c, el cinturón cede, avanza entre seis y ocho centímetros, con lo que nuestro cuerpo aún quedaría lejos de golpear contra el volante o el salpicadero. Pero si, además, llevamos ropa gruesa, ésta se comprime, cede y nuestro cuerpo avanza mucho más de lo que sería seguro.

Con ropa de abrigo: gabanes, anoraks, cazadoras y gruesos jerseys, hay que tomar siempre la precaución de desabrocharlos o elevarlos lo suficiente para que el cinturón quede bien ceñido a la zona pélvica después de dar un ligero tirón hacia arriba de la banda torácica.

Paco Costas

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