IN MEMORIAN

MANUEL DOMENECH

En ocasiones, la parca maldita parece darse cita pra quitarnos de forma cruel y en el plazo breve de tres días, a dos de nuestros más entrañables amigos y compañeros de la vieja guardia de la prensa del motor.

Manolo Domenech y Pepe Diéz. De ambos recuerdo vivencias inolvidables.

De Manolo, su calmado bien hacer, su conocimiento de las materias que trataba y, sobre todo, su hombría de bien.

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Manolo siempre estuvo muy por encima de las envidias y los chismes que, como en toda profesión, en ocasiones, enturbian lo que de debería ser armonía y buen rollo.

Cuando yo llegué al periodismo del motor, conocí en mis propias carnes algo de esa receta, y recuerdo con nítida claridad su actitud y su comprensión.

Donde quiera que estés, descansa en paz querido Manolo.

PEPE DIÉZ

De Pepe Diéz, serían interminables los relatos y las peripecias que vivimos juntos en la Fórmula 1; contar con pormenores algunas de ellas llenaría varios folios. En todo caso, Pepe era todo un personaje muy dificil de olvidar.

Creo que nada mejor que la reproducción de este párrafo de mi libro La Década Mágica, para exponer mi opinión sobre él, como amigo y profesional del periodismo deportivo.

ASÍ EMPEZÓ TODO

En enero, como en años anteriores, los equipos de la Fórmula 1 se trasladaron al circuito de Jacarepagua con dos meses de antelación para realizar ensayos y pruebas técnicas antes del Gran Premio de Brasil que habría de disputarse el día 25 de marzo. Dos semanas antes de la carrera, la mayoría de los equipos y un buen número de periodistas venidos de todo el mundo, estaban alojados en el Hotel Intercontinental, en la costa atlántica, a unos veinte kilómetros al sur de Río de Janeiro.

El tiempo en esa época del año es allí húmedo y caluroso, y la mayoría de los componentes del circo aprovechaban aquellos días para disfrutar de un corto descanso antes del comienzo de la ajetreada temporada.

El Intercontinental es un edificio moderno, enclavado a muy poca distancia de un abigarrado conjunto de misérrimas “favelas”. La piscina del hotel estaba rodeada de tumbonas y gente ociosa tostándose al sol. A pocos metros, las mesas del vecino restaurante aparecían llenas de toda clase de frutas y de los más exquisitos manjares. Mientras, los camareros solícitos, servían bebidas frías al borde del agua. En general el ambiente contrastaba de forma dolorosa con el submundo en el que viven millones de habitantes en uno de los países más ricos del mundo.

Por encargo de Televisión Española, (seguramente por entonces tenía algún amiguete en la “casa”, única forma de conseguir estas cosas) tuve una vez más la oportunidad de seguir un campeonato, en esta ocasión con Pepe Diéz. Con él iba a hacer los comentarios en las retransmisiones por televisión de la totalidad de los grandes premios de la temporada.

Sobre Pepe Diéz, (su apellido se pronuncia con el acento sobre la e) y los meses que pasamos juntos aquella temporada, no puedo dejar de hacer un comentario. Retransmitir las carreras de Fórmula 1 en televisión no es tarea fácil, ni mucho menos. Cuando me uní a Pepe para realizar por primera vez aquel trabajo, él ya llevaba algunos años haciéndolo y además, sus vivencias como periodista especializado en carreras de automóviles en el tiempo que vivió en Argentina le daban cierta experiencia sobre un tema que muchos no conocíamos aquí por entonces. Sin embargo fui uno de los que le criticaron en su día y hasta que no me vi enfrentado a la obligación de hacer una retransmisión, no pude realmente comprender cuan injustamente había valorado su trabajo. Esto que ahora escribo, en ningún momento pretende ni siquiera insinuar que yo sí lo hice bien; por el contrario, de las muchas horas que a lo largo de mi vida profesional me he puesto delante de un micrófono o de una cámara de televisión, aquella experiencia aún permanece en mi memoria como un punto negro que aún me incomoda recordar.

Después de nosotros, otros especialistas compartieron micrófono con el hispano- argentino como Eduardo de Aysa, por entonces improvisado periodista del motor y gran aficionado, (piloto profesional en la actualidad) con el que llevó a cabo un buen trabajo relatando, entre otros, los últimos compases de aquella memorable carrera en Australia, cuando un reventón de los neumáticos le privó a Mansell del mundial, en favor de Alain Prost (1986), algo difícil de mejorar, a mi juicio.

A finales de los ochenta, cuando Luis Pérez Sala se retiró, formó un magnífico equipo con Jesús Álvarez, en el que se conjuntaron la experiencia como piloto de Sala y el oficio de Jesús Álvarez como locutor profesional con muchos años de experiencia en Televisión Española.

De todos modos, volviendo a Pepe Diéz y sus años como locutor en la Fórmula 1, sabido es que el pecado nacional más extendido es el de la envidia de los que, sentados cómodamente en su casa, siempre creen que ellos lo hubieran hecho mejor. En cualquier caso, “pelillos a la mar”, y mejor volvamos a los circuitos y a las carreras”

Paco Costas

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