AYER HIZO SETENTA Y OCHO AÑOS QUE MURIÓ ANTONIO MACHADO

Hacía  años que deseaba visitar la tumba del gran poeta sevillano. Sus restos descansan en Collioure, un bello pueblo medieval en la costa francesa, a muy pocos kilómetros de la frontera con España.

Cuando por fin logré hacer realidad mi deseo, me encontré una modesta tumba en un pequeño cementerio alejado del bullicio de los miles de turistas que visitan a diario la pequeña ciudad.

Sobre la lápida, cubierta con la bandera republicana, están grabadas estrofas de uno de sus más bellos poemas que, sólo con leerlos, descubres la clase de ser humano que lo escribió.

Antonio Machado fue uno de los miles de españoles que, cuándo el gobierno de la república perdió la guerra, tuvieron que huir a Francia en un dramático éxodo en el que perdieron la vida miles de personas.

Fue siempre un republicano honesto y pacífico, y, en una estrofa del mismo poema, define lo que fue su pensamiento político de izquierdas.

Hay en mis venas gotas de sangre jacobina/ pero mi verso brota de manantial sereno/ y más que al hombre al uso que sabe su doctrina/ soy en el buen sentido de la palabra, bueno.

Y cuándo se refiere a esos políticos embaucadores y charlatanes, los retrata de forma magistral.

Desdeño las romanzas de los tenores huecos/ y el coro de los grillos que cantan a la luna.

También fue un hombre religioso y así lo expresa:

Converso con el hombre que siempre va conmigo/ quien habla solo espera hablar a Dios un día.

Murió en la soledad y la pobreza al poco tiempo de morir su madre que también se exilió con él y sus restos descansan en la misma tumba.

Con estas hermosas palabras, grabadas sobre la lápida que cubre su tumba, nos ha dejado un  indeleble retrato de su humildad y de la austeridad con la que vivió toda su vida.

Y cuando llegue el día del último viaje/y está a partir la nave que nunca ha de tornar/me encontraréis a bordo ligero de equipaje/casi desnudo, como los hijos de la mar.

Leyéndolas y recordando el abandono y el olvido al que, durante años le condenó la dictadura, confieso que sentí rabia, congoja, y estuve a punto de llorar.

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