Hasta aquí hemos tratado prácticamente de fuerzas instantáneas ejercidas de forma puntual. Veamos ahora fuerzas continuas, aplicadas de manera constante a un objeto. Llamamos «trabajo» a la aplicación de una fuerza sobre un móvil a lo largo de cualquier trayectoria.

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Cuando pedaleamos, estamos realizando un trabajo. La fuerza de las piernas, aplicada de manera continua, nos permite desplazarnos de un punto a otro. En un automóvil, motocicleta o ciclomotor, el trabajo lo realiza el motor.

El término energía nos es familiar. Hemos oído hablar de la energía nuclear, de la energía eléctrica, etc. Existen muchos tipos de energía, pero de forma genérica se entiende por «energía» la capacidad para producir trabajo. En un ciclomotor, la energía la suministra la gasolina. En el caso del ciclista, la energía proviene de los alimentos que ingiere. Por esta razón, el agotamiento momentáneo que sufrimos tras un recorrido largo, o en mitad de una cuesta que parece no terminar nunca, la «pájara» del argot ciclista, se combate con la bebida de líquidos azucarados. El azúcar es es una fuente importante de energía, liberándose rápidamente. Al tener más «energía», podemos desarrollar más «trabajo», permitiéndonos seguir el camino.

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Dentro de los tipos de energía, nos interesan en particular las debidas al movimiento y a la altura. Existen dos ideas o principios universalmente aceptados, entorno a la energía. «Principio de la conservación de la energía»: la energía ni se crea, ni se destruye; se transforma. ¿Qué significado tiene esa afirmación? Hemos definido la energía como una «capacidad».

Al igual que un músico nace con la capacidad de transmitir sus sentimientos a través de los sonidos, el Universo ha nacido con una capacidad llamada «energía». No se puede crear, porque ya existe -el músico nace, no se hace-. Cuando se pone de manifiesto, -cuando el músico interpreta la melodía-, no desaparece, provoca otros efectos, otras capacidades, otras formas de energía -produce placer a quienes escuchan los sonidos-, de alguna forma, los sentimientos del músico se han transformado en los sentimientos del auditorio. Así ocurre con la energía, pasa de unas «formas» a otras; permaneciendo inalterable. Es indestructible, como la música, que existirá mientras exista el hombre.

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