Cuida la salud de tu coche evitando ciertas conductas, primera parte

Cuida la salud de tu coche evitando ciertas conductas, primera parte

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La salud mecánica de nuestro coche es algo vital para nuestra seguridad y para nuestro bolsillo. Ciertas conductas y rutinas diarias erróneas van dañando poco a poco la mecánica de nuestro coche sin que nos demos cuenta. Es frecuente olvidarnos de un cambio de aceite o arrancar bruscamente en frío. Cuando el coche se queja, normalmente es demasiado tarde y las facturas del taller pueden llegar a las cuatro cifras con facilidad.

Este artículo nace con la intención de recopilar algunas de esas conductas, con su explicación de por qué daña la mecánica de nuestro coche y qué podría pasar si seguimos llevándolas a cabo. Algunas son obvias, como por ejemplo vigilar la presión de los neumáticos, pero otras no lo son tanto. Algunos consejos valdrán para todos los coches en general, otros, sólo para motores diésel o gasolina y otros para cambios manuales o automáticos. Sigue leyendo tras el salto.

1) No vigilar la presión y desgaste de los neumáticos. Ya os hemos comentado en varias ocasiones los peligros de cirular con una presión inadecuada de los neumáticos. Desde un pinchazo o un reventón en el momento menos oportuno hasta pérdidas totales del control del vehículo. Es lo que puede ocurrir si descuidamos nuestros neumáticos, con un evidente peligro para nuestra integridad física y un elevado coste para nuestro bolsillo. Si notas que una rueda en particular está desinflada ponle remedio a la situación o todos los neumáticos se gastarán de manera desigual.

Cuida la salud de tu coche evitando ciertas conductas, primera parte

En cuanto al desgaste de la banda de rodadura, podemos olvidarnos de vigilarlo y encontrarnos con desagradables pérdidas de adherencia, mayor distancia de frenado y problemas de aquaplaning con las primeras gotas de agua. Recordad, el desgaste máximo permitido por ley es una profundidad de 1.6 mm en los surcos de la rueda, y aún así ya estamos en niveles peligrosos de desgaste.

Solución: Revisar periódicamente la presión y desgaste de los neumáticos. En cuanto al desgaste, deberíamos empezar a pensar en unos nuevos neumáticos cuando el borde exterior de una moneda de 1€ sea visible al introducirla en uno de los surcos del neumático.

2) Aplazar los cambios de aceite. El aceite es el lubricante del motor, y necesita estar en buenas condiciones para que se reduzca la gran fricción existente entre las partes móviles. Si aplazamos el cambio de aceite más de 7.000 km pueden ocurrir problemas graves: por una parte, podría degradarse y no lubricar correctamente, ello provocaría un incremento de la fricción en el motor, lo que conduciría a un mayor desgaste mecánico y un mayor consumo de combustible.

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Por otra parte, podría consumirse la mayoría del aceite por el excesivo kilometraje, con los mismos efectos que la degradación sobre el propulsor. Si vamos dejando para la semana que viene los cambios de aceite durante muchos kilómetros nos exponemos a daños graves al motor y un posible gripaje del mismo. Si alguna vez llega a saltar un aviso en el cuadro de instrumentos por agotarse el aceite no esperes buenas noticias en el taller.

Solución: revisar el nivel del aceite con cierta regularidad (en frío, el nivel de la varilla debe estar entre las dos muescas), aún respetando los plazos de mantenimiento nuestro coche podría consumir más aceite de la deseada. Respetar estrictamente el kilometraje de cambio de aceite.

3) Conducción deportiva y altas revoluciones con el motor frío. Al arrancar el motor en frío, éste necesita un tiempo para lubricarse bien y alcanzar su temperatura óptima de funcionamiento, unos 80ºC. Si lo sometemos a bruscos acelerones o subimos sus revoluciones hasta la zona roja en frío, tendremos motor para cuatro días, ya que al no haberse lubricado en condiciones, de nuevo aumenta la fricción y el desgaste mecánico.

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Solución: Cuando arranquemos en frío debemos ser suaves con el acelerador y esperar a que el propulsor este caliente para realizar una conducción deportiva. Alargaremos la vida del propulsor y ahorraremos combustible: en frío el motor puede consumir el doble de combustible que en caliente.

4) Mala conducción en motores turbo. Los turbocompresores se lubrican y refrigeran mediante aceite. Si arrancamos nuestro motor turbo y empezamos a conducir inmediatamente después el turbo debe entrar en funcionamiento sin lubricarse convenientemente. La pequeña turbina puede girar hasta a 100.000 rpm y el calor generado por la excesiva fricción puede ser suficiente como para deformar poco a poco las aspas del turbo, finalmente desembocando en una avería grave cuya factura suele ascender a 4 cifras.

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Es posible otra situación de resultados similares. Tras un largo rato conduciendo a alta velocidad por una autopista, y por tanto con el turbo soplando a plena potencia, paramos a repostar. Si apagamos el motor nada más detenernos exponemos a la turbina a daños por calor. Estuvo girando a mucha velocidad durante un tiempo prolongado, con una alta temperatura, pero ya que estaba bien lubricada no había problemas. Si de repente detenemos su funcionamiento en seco ese calor no se disipa correctamente, además, detenemos la lubricación. Los daños a largo plazo son patentes.

Solución: Nada más arrancar el motor en frío déjalo al ralentí al menos un minuto. Cuando llegues a tu destino, ya hayas circulado por autopista o por ciudad, deja reposar el motor al ralentí durante otro minuto antes de quitar el contacto. El turbo girará despacio y se refrigerará correctamente.

5) Bordillazos. Nos puede pasar a todos, calculamos mal la distancia a la acera y golpeamos violentamente la rueda contra el bordillo en una esquina. También puede ser que dejemos el coche ligeramente subido a la acera al aparcar o que solamos subir y bajar bordillos con frecuencia por el motivo que sea. El denominador común de estos casos es la deformación paulatina de los flancos del neumático, lo que lleva a la posibilidad de fugas de aire, reventones o de incluso un dellantado en casos extremos.

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Solución: Evitar dichas conductas, pero si es necesario que subamos a un bordillo, nunca dejar la rueda subida a medias y abordar el obstáculo lateralmente y a muy poca velocidad. Si has tenido varios bordillazos revisa la presión de los neumáticos con más frecuencia y si ves el neumático deformado, cámbialo.

6) Cambiar de marchas bruscamente. Las cajas de cambio manuales modernas están sincronizadas, y por tanto no es necesario hacer un doble embrague para cambiar de marchas, pero aún así necesitan un mínimo de tiempo para sincronizarse. En pruebas de aceleración es habitual cambiar muy bruscamente de marchas, pero ello implica un desgaste excesivo de los piñones y los sincronizadores. No es necesario tratar la palanca de cambios con violencia, ni siquiera en conducción deportiva.

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Solución: Cambiar de marchas con suavidad, cuanto mayor sea el coche y mayor par soporte la caja de cambios más suaves debemos ser.

7) Arrancar un motor diésel incorrectamente. Los motores diésel, tanto atmosféricos como turbo están equipados con calentadores. Son unas resistencias que precalientan el motor antes de que lo arranquemos, con el objeto de que la combustión homogénea del combustible sea homogénea a bajas temperaturas y podamos encender el motor con normalidad. Evitan la explusión excesiva de humos en este primer momento y protegen a la mecánica de esfuerzos innecesarios.

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Es común que algunas personas giren la llave de arranque por completo, sin esperar a que se apague el testigo de precalentamiento. Ello puede ser causa del desconocimiento o bien porque estaban acostumbrados a conducir un coche con motor de gasolina, donde no existen calentadores y se arranca directamente el motor.

Solución: Esperar a que el testigo luminoso de los calentadores (una espiral) se apague. Entonces giramos la llave a la posición III para arrancar el motor. Un síntoma de calentadores gastados es la expulsión de excesivo humo negro al arrancar, así como la combustión de aceite, humo blanco, en los primeros momentos tras el encendido.

8) Frenar de manera prolongada en pendientes descendentes. Cuando afrontamos la bajada de pendientes muy prolongadas, como por ejemplo puertos de montaña, es habitual ver como mucha gente frena de manera prolongada. Lo único que conseguimos de esa manera es un desgaste alto de las pastillas de freno y un sobrecalientamiento o fading, que reduce la potencia de frenado. Consecuencia: cuando realmente necesitamos frenar puede que el sistema no responda como queremos que lo haga.

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Solución: Usar el freno motor en la medida de lo posible, no gastaremos combustible y evitamos el desgaste de los frenos. Cuando tengamos que frenar debemos alternar el freno motor y la aplicación del pedal. También es conveniente estudiar la morfología de la carretera, por ejemplo si hay una pequeña pendiente ascendente es mejor no frenar y dejar que la inercia lo haga.

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