AMEIXEIRA

Viajar, recorrer un país con tanta historia y contemplar el paisaje maravilloso de Galicia, en mi opinión, requiere también comer bien en una tierra donde normalmente eso está garantizado.

Pero, a veces, en el recorrido, cuando el estómago comienza a exigir que lo alimentes, no te queda más remedio que pararte en una de esas áreas de servicio en las que la comida y el servicio no son tan buenos como desearías. Pero a veces te llevas sorpresas.

Yendo de Pontevedra a Coruña por la autopista AP-9, en el PK-40, término de Ordenes, me acuciaba el hambre y paré en una de estas áreas, A Meixeira, pensando encontrarme lo de siempre. Pero no fue así.

Manteles y servilletas de tela inmaculados, camareros uniformados de los que no  te arrojan la comida y te toman la comanda a ritmo de telegrama  y, a continuación, una merluza que era merluza, un guiso casero que me chupé los dedos, y por si fuera poco, cuando esperaba pagar un precio acorde con lo servido, me encontré con el importe de los muchos menús que encuentras en todas partes.

Felicito al hijo del propietario, Santi Turiel que, además, resolvió mi proverbial torpeza con el ordenador ayudándome a encontrar lo que buscaba y al que prometí escribir esta nota.

Recomiendo a todo el que tenga la suerte  de detenerse allí  porque, a buen seguro, acabará disfrutando de una buena comida como me ha pasado a mí.

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