Mónaco o los coches de choque

Hace ya muchos años que Niki Lauda, a raíz de un severo accidente de Michele Alboreto, declaró que “disputar una carrera en el circuito urbano del principado monegasco, era una auténtica locura”. Han pasado muchos años desde aquello y la carrera más “pija” del calendario, sigue celebrándose y, afortunadamente, ningún piloto ha perdido allí la vida.

En todo caso, el aficionado debe plantearse éste GP como algo diferente en el que, la emoción consiste en adivinar cuantos coches terminan sin dejarse parte de la carrocería contra los guardaraíles. Y lo cierto es que, esta edición, en la que Hamilton, después de una gran carrera, se ha llevado el triunfo, no ha defraudado a nadie.

Lo ha dicho Alonso y con mucha razón: “en Mónaco, si llueve, puede subir al podio Nelsiño Piquet”. La predicción, que si yo fuese el joven Piquet no me hubiese hecho la menor gracia, no ha estado muy lejos de cumplirse. Sutil, con muy mala fortuna, Barrichello y algunos más, ha estado donde sería impensable, si la situación de la pista, su angostura, y la lluvia, no hubiesen marcado la carrera.

Un ejemplo ha sido el propio Fernando Alonso que, junto a Raikkonen, han visto que todos sus enormes esfuerzos han sido inútiles contra la ruleta rusa del circuito urbano.

Si ánimo de quitarle ningún mérito a Hamilton, a Kúbica o a Massa, para mi, el esfuerzo llevado a cabo, sobre todo, por el español, hace que uno sienta una mayor simpatía por él y valore en lo que vale su duodécimo puesto. Viéndole intentar lo imposible, en lugares imposibles de la pista, y bajo circunstancias que dan miedo hasta el que las contempla, no tengo más remedio que pensar que, un piloto de su enorme valía, se está viendo forzado a situaciones que, en circunstancias normales y con el coche que le correspondería, jamás las habría forzado. Me imagino la enorme presión a la que le obligan las sumas millonarias que, Renault y la multitud de patrocinadores que le respaldan, tienen que estar pesando sobre su ánimo. En cualquier caso, Fernando, al final, quizás haya pensado para su coleto lo que Felipe II dijo cuando le comunicaron la derrota de la Invencible en las costas inglesas: “yo no he mandado a mis naves a luchar contra los elementos”.

En cualquier caso, debo confesar que el GP ha estado llena de sobresaltos y de emociones, aunque muy lejos de lo que yo considero debe ser una carrera disputada en un circuito normal y bajo circunstancias normales. Quizás el morbo de ver tanta maravilla técnica convertida en chatarra tenga su interés para algunos, no lo dudo, pero, para mi, la Fórmula 1 no es ni será nunca una pista de feria con coches de choques.

Paco Costas

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