Una autocaravana para vivir

Vivir para la autocaravana ;o una autocaravana para vivir.

Desde que hace cuatro años descubrí el placer de viajar en mi autocaravana, he tenido ocasión de observar a muchos de los que, al igual que yo, son propietarios de uno de estos versátiles vehículos.

Muchos de ellos, creo que una importante mayoría, invierten una buena parte de su tiempo en procurar los mayores cuidados y añadir de forma constante mejoras a su vehículo (el hecho de que muchos de nosotros estemos ya edad de jubilación, propicia sin duda la disposición del tiempo que estos cuidados precisan).

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Pero debo confesar, y este es el motivo principal de este comentario, que, algunos de estos autocaravanistas, no solamente emplean una buena parte de sus energías en trabajos y soluciones de mejora, no siempre necesarios, sino que, además, emplean la casi totalidad de su tiempo en campings y concentraciones para, en vez de desarrollar las mil actividades que ofrecen estos viajes, pasar y repasar revista al resto de vehículos concentrados y observar los modelos y las mejoras que otros han incorporado. En algunos casos llegan a formar pequeños grupos en los que el motivo de conversación casi siempre gira entorno al mismo tema.

No me cabe la menor duda de que esta forma de vivir el autocaravanig colma plenamente sus deseos y su manera de entender esta forma de ocio, y Dios me libre a mi de criticar sus actitud; pero, a veces, hablo sólo por mi, el hecho de habitar mi autocaravana cuando y donde me plazca, su valor inmenso es que también me permite, disfrutar del mar, de la montaña, de la bicicleta, de la pesca, del esquí, del ejercicio al aire libre, de la visita turística que, sobre todo en España, con su fantástica historia, podemos encontrar en cada viaje.

Y es, precisamente, en esas avanzadas edades que tenemos la inmensa mayoría de los disfrutamos de la libertad y el placer de poseer y viajar en una autocaravana o caravana, cuando; en mi opinión, debemos mantener de forma constante la movilidad física, incluso el esfuerzo, como una una forma de decirle a los años que estamos en forma y que, de ningún modo vivimos esperando a que nos llegue la “suprema”.

Paco Costas

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