Después de tantos años, las averías todavía me sacan de quicio

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Parece mentira, pero al final, acabo riéndome de mi mismo. Con los coches tuve averías sin cuento, sobretodo, cuándo después de la Guerra Civil me tocó lidiar con aquellos cacharros, lo único que había.

Pasaron los años y hoy puede decirse que las averías son mucho menos frecuentes.

Pero ¡hay de mí! Desde que viajo en autocaravana, cuando algo no funciona me pongo de los nervios.

Estos vehículos, que como mecánica de marca apenas tienen averías, cuando se transforman en un apartamento de poco más de doce metros cuadrados, es cuando empiezan los problemas.

En esta  ocasión ha sido la bomba del agua. Te levantas tranquilo y, de repente, abres un grifo y todo lo que sale es una ridícula gotita.

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Esta vez he tenido suerte; aquí, en El Campello, donde paso muchas temporadas, los que como yo están expuestos a esa mil malfunciones de su casa rodante, tienen la suerte de contar con un concesionario-taller, MAYDALEX y con Carlos, su propietario, un gran profesional.

Cuarenta minutos y un precio razonable, han hecho funcionar la puñetera bomba y a mí se me ha pasado el cabreo.

Vuestro amigo

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