“Racing is in my blood” .

Así definía Senna su pasión por las carreras que decía llevar en la sangre. Otro gran contagiado de algo que bien podría definirse como una adicción es, sin duda, Michael Schumacher que, el próximo 23 de agosto, ocupará el puesto de Massa a los mandos de su Ferrari.

Debe ser tan grande su afición a desafiar el riesgo y sentir el vértigo de la velocidad en sus límites, que, no hace mucho, sufrió un accidente de moto cuando hacía intentos por participar en el campeonato mundial de Moto GP.

He conocido a muchos pilotos participantes en diversas categorías sobre dos y cuatro ruedas. Muchos de ellos, la gran mayoría, corría y aceptaban los peligros de un accidente a sabiendas; su afición estaba por encima de la eventualidad de morir o quedar inútiles de por vida.

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Las historias que podrían contarse serían interminables. Clay Regazzoni, paralítico después de sufrir un espantoso accidente en el Gran Premio de Long Beach y haber padecido a un auténtico calvario de operaciones, todavía, después de algunos años, participó en carreras de todo tipo cuando su incapacidad le obligaba a moverse en una silla de ruedas. Cuando a Fangio le preguntaron una vez si era más peligroso correr en la época en la que ganó sus cinco campeonatos mundiales o en la actual contestó: “sólo sé que yo perdí a más de sesenta de mis amigos en accidentes en las carreras.

Jackie Stewart que sufrió el accidente más grave de su carrera en el antiguo trazado de Spa-Francorchamp, confesó que, cada vez que tenía que volver a participar en aquel Gran Premio, no podía evitar pensar en lo peligroso de aquel circuito y apenas podía conciliar el sueño las vísperas de la carrera: además, añadía: “el piloto que niegue que no tiene miedo antes de correr en Spa, miente”.

En la actualidad las medidas de protección del público y de los pilotos resultan incomparables con las que existían hasta hace muy pocos años; pero que nadie se llame a engaño; hace sólo unos pocos días moría a los 18 años, en Inglaterra, Henry, el hijo del campeón del mundo de F1 y de motos, John Surtees. El accidente de Felipe Massa, que podía haberle costado la vida en forma muy similar al sufrido por Senna en Imola en 1994, es una demostración de que el riesgo está ahí.

Pero Schumacher, con cuarenta años, siete títulos mundiales, una fortuna inmensa, y una familia a la que seguramente no le hará mucha gracia que vuelva a correr, ahí va a estar, en la parrilla de Valencia y, además, apuesto sin temor a equivocarle, que hará un papel sobresaliente.

¡Bravo, Michael!

Paco Costas

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