¡QUÉ GOZADA Y QUÉ PELIGRO!

Cuento algunas cosas sin ocultar que los errores que comento también los he cometido yo alguna vez en mi juventud´

¡Qué gozada! Verano, bajo mis piernas un moto potente, el aire me produce placer a medida que voy aumentando la velocidad. Hasta el casco me molesta, pero no queda más remedio.

Una camiseta sin mangas, unos pantalones cortos y unas chanclas en los pies.

Me caí hace muchos años a muy baja velocidad al abordar un puente estrecho y fui arrastrándome por el suelo varios metros. Las abrasiones que me produjo la caída en piernas y brazos produjeron mucho más calor del que tenía antes de caerme.

La poca velocidad redujo todo a un susto y varios días de curas y molestias.

Pasado el tiempo, todavía me pregunto qué hubiese pasado si hubiese ido a 130 kilómetros por hora.

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